«Las señales de precios de electricidad que se transmiten a los consumidores son un elemento fundamental para facilitar o dificultar la transición energética, ya que deben orientar las decisiones de consumo hacia la electrificación y la eficiencia.» Así comienza el informe del Ministerio para la Transición Ecológica sobre la propuesta de la CNMC (la Comisión Nacional de los Mercados de la Competencia) en la que se establece la metodología para el cálculo de los peajes de transporte y distribución de energía. Y el informe añade que la propuesta no proporciona los índices de precios correctos, sobre todo para los consumidores domésticos, en un periodo de transición energética y en un momento clave como el que se inicia en 2020.

El gran problema parece ser que la estructura de peajes es excesivamente compleja, especialmente para los pequeños usuarios, y no incentiva suficientemente la eficiencia ni tampoco las transformaciones energéticas que están por venir, debido al excesivo peso de la parte fija de los peajes que se propone. El resultado es que la mayor parte de los costes energéticos se recupera a través de la potencia contratada. Al ser finalmente esta el grueso de la factura se desincentiva claramente el autoconsumo, el almacenamiento, el ahorro y la eficiencia energética, especialmente para los pequeños consumidores, al minimizar las ventajas económicas que se pueden conseguir con estas prácticas.

En resumen, la CNMC plantea que la parte fija de del coste energético, que viene marcada por la potencia contratada, siga siendo uno de los elementos que más relevancia tiene en la factura. Si esto es así, por muchos esfuerzos que hagamos para ahorra energía, por más que instalemos sistemas eficientes, por más que nos pasemos al autoconsumo solar o eólico… la mayor parte del precio seguiría inamovible. Y bueno, parece que el Gobierno les ha dado un pequeño tirón de orejas.